La utopía más bella, María Teresa Ciocchi
Es amable y
a la vez destructor.
Imprime entonces a las cuerdas un ritmo acelerado.
Soy
consciente de que mis pensamientos entran en un juego peligroso.
Pero caigo
tan rápido… en un descenso veloz, fugaz.
Se bien que
podría llegar a amarlo, que es tan imperfecto que el efecto seductor que
produce en mí podría ser eterno.
Fijo la
vista en el hombre que está a su lado con el objeto amarillo y reluciente en
sus labios. Le da ritmo a la canción.
Un jazz hipnótico.
El contrabajo le
agrega paz y serenidad.
La guitarrista número dos parece cobrar vida paralela.
La contemplo sonreír y un escalofrío me recorre.
Fue en
aquella combinación de sonidos cuando me anime a cerrar los ojos.
Encontré puertas
dibujadas a mano alzada, un suelo flotando en la nada, pájaros que acompañaban
las notas, jazmines que adormecían cualqueir dolor.
Y una
laguna en la que, en un impulso sobrenatural, me sumergí…
Recuerdo
los peces de tamaños diversos y brillantes colores, cuyas colas danzaban con la
corriente; una claridad inexistente que me durmió en un sueño arrullador.Maria Teresa Ciocchi
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